Mostrando entradas con la etiqueta Microrrelato. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Microrrelato. Mostrar todas las entradas

jueves, 8 de agosto de 2013

LA CERTEZA ( Tercer y último microrrelato con el lema "Desde el andén)


  Después de la frugal cena, cansada y arrastrando sus doloridos pies, se dirige a la terraza. La vieja mecedora la espera, como siempre, silenciosa y acogedora. Se ha logrado crear una  perfecta complicidad entre ellas. Acomodándose con algo de trabajo en su querida compañera, pasa una mano por su pelo, oteando al tiempo el horizonte de la estrecha calle que se extiende ante su vista. Suspira intensamente. Comienza la rutina que cada día espera con ansia y culmina después de cenar.
 El expreso de las veinte treinta horas ha de hacer su aparición dentro de un rato. Desde su andén particular está preparada para que sus alas, después de tanto tiempo, puedan desplegarse y abrazar a su querida hija.
- ¡Seguro que es hoy!  (Ese pálpito, viejo conocido de tantos años).
  En la lejanía suena el traqueteo del tren. La mujer, triste y resignadamente, se incorpora. Acaricia a su compañera y sonríe.
 -  Otra  vez  – disculpa temblorosa- se le ha vuelto a hacer tarde. Este ya es el de las once…Mañana será el día. Lo sé. 
 Encorvada, cierra su andén particular y entra de nuevo en el infinito espacio de su soledad.
- “Lo sé”- susurra-

 Este microrrelato  es el presentado a concurso "Cuentos desde el andén".

miércoles, 7 de agosto de 2013

Juntos. (Segundo microrrelato con el lema "desde el andén).


 No quería ir, pero…"Será la última vez"- se dijo-.
Mucho tiempo atrás,  el solo hecho de prepararse para acudir a la estación del tren de cercanías y esperar la llegada de los veraneantes, hacía que su corazón se desbocara. Sobre todo, comodidad. La espera era larga y en el andén pedregoso sería inapropiada otra vestimenta.
  Él llegaba siempre con aquella sonrisa radiante. La miraba de soslayo y seguía su camino sin prestarle más atención. ¡Un día quiso Dios que hasta le guiñara un ojo! Suficiente alimento de esperanzas en sus ilusiones.
  También un día,  otro verano más tarde, él  volvió a guiñarle un ojo… ¡esta vez dando al traste con sus anhelos! ¡Abrazaba a una hermosa, elegante y divertida joven! En sus dedos enredados, dorados reflejos de compromiso.Ella, observándole, caminó desde el andén hacia su soledad. El corazón encogido de por vida.
  Hoy ha vuelto. Después de tanto tiempo, él regresa de nuevo. Esta vez para siempre. Ella está, como antaño, esperando en el andén. Pero solo le verá en su urna. La porta, muy triste,   ” la otra ”. La de verdad.
  Ese día, Dios quiso que él, ¡por fin! , se quedara para siempre con ella.

sábado, 3 de agosto de 2013

SERIE DE TRES MICRORRELATOS. CON EL LEMA : " DESDE EL ANDÉN"

                                                        Miradas
 

Cada día sin faltar ni uno, sobre las cuatro de la tarde aproximadamente, mi tío dirigía sus pasos a la estación del tren de cercanías del pueblo: lluvia, viento, sol…No le importaba en absoluto. Sus pasos y su mirada solo tenían una meta: llegar para, situado en su lugar favorito, comenzar a observar y esperar con la ilusión por testigo.

 Sonreía a las muchachas, bonitas o no; regañaba con la mente y el entrecejo fruncido a los gamberros que molestaban a los viajeros; ayudaba con la mejor de las intenciones a recoger y entregar el equipaje; se emocionaba con las despedidas y palpitaba su corazón  con los recibimientos…

 Todo lo conseguía a fuerza de silencios y miradas. Desde el andén de salidas, donde él se encontraba y elucubraba, no dejaba de observar sin disimulos el de llegadas: ella estaba a punto de aparecer en el expreso de las siete. Lo miraría, como siempre, saludándole con una ligera inclinación de cabeza y una mirada cómplice. Sus ojos, enredados durante segundos, se decían diariamente lo que nunca les dejaron decirse con palabras.

A las ocho, aproximadamente, mi anciano tío se volvía a casa feliz. Otro día más.